La salud y la
abundancia material muchas veces al ser
humano le da una sensación de
omnipotencia. Ellos viven cada día
pensando que son los “intocables” y
eternos. Este espíritu de soberbia
impide al ser humano darle cada día las
gracias a Dios por el don inefable de la
vida, la salud y la provisión. Muchos
creen que todo lo que tienen y son es
por su propio esfuerzo, pero no se dan
cuenta que la respiración es un milagro
de Dios y que la salud es una Gracia
celestial. Muchos en este día no se han
despertado, otros en este mismo momento
está siendo internados en algún hospital
pues han perdido de repente su salud.
Muchos le piden a Dios sanidad de sus
dolencias y pareciera que nunca les
llega la respuesta. Dios conoce los
corazones y sabe que si los sana ellos
jamás vendrían a darle la gloria y
servirle el resto de sus días. Si usted
recuerda el ejemplo de los diez
leprosos, donde sólo uno vino a
agradecerle a Jesús por su sanidad, ya
sabe cual es el pensamiento del ser
humano: Anhela la bendición pero no al
que otorga la bendición. En este día el
pasaje nos recuerda que nuestra vida y
nuestros logros pueden desaparecer en un
instante. Por eso cuando alguien muere
se dice que entierran “sus restos”. Ya
no queda nada más. A veces descontamos
que cada día vamos a abrir los ojos,
gozar buena salud y tener un trabajo
próspero. Es tiempo de dejar esa
soberbia y orgullo, que a nada bueno
conducen, y empezar a darle gracias por
sus infinitos favores. Cuando abra sus
ojos agradézcale al Señor por el milagro
de vivir. Si goza de buena salud,
agradezca por el milagro de la salud
sobrenatural y si camina en prosperidad
déle toda la gloria porque El és el que
da el poder para hacer las riquezas.
¡Todo procede del Señor!
PERMANEZCO AFERRADO A LA PALABRA DE
DIOS, PUES ELLA ME HACE VER QUE MI VIDA,
SALUD Y PROSPERIDAD LAS TENGO POR LA
GRACIA DEL SEÑOR
ORACION:
Señor perdona mi ingenuidad en pensar
que mi vida, mi salud y la prosperidad
que gozo es por mis propios méritos.
Todo viene de ti y a ti te pertenece.
Gracias por prestármelas cada día. Amén